Averigua de qué tipo es la grasa de tu barriga

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Grasa visceral
Grasa subcutánea
¿Algo de barriguita? Poca o mucha debemos saber que más allá de un asunto estético o de vanidad (de si viene el verano o qué vestido me pongo), la grasa abdominal acumulada –en una gran parte de la población- representa un tema de salud que deberíamos ocuparnos en gestionar. Para empezar a solucionar este problema de “exceso de almacenamiento” es bueno conocer qué tipo de grasa abdominal es la que tenemos, porque hay dos y uno de ellos es más dañino aún que el otro.

Mayoritariamente sabemos que la obesidad y el sobrepeso son perjudiciales para nuestra salud, pero tal vez no conocíamos que algunas investigaciones han concluido que el exceso de grasa abdominal es específicamente muy dañino.

La grasa que se acumula alrededor de nuestra zona abdominal puede ser de dos tipos:
  1.      Grasa subcutánea – superficial (lipocitos o células grasas grandes). Se llama así porque se sitúa entre la piel y los músculos abdominales, o sea, debajo de la piel y por encima de nuestros músculos, ocultándolos o tapándolos.
  2.      Grasa visceral – profunda (lipocitos pequeños). Es la razón de la típica “barriga cervecera”, una barriga protuberante y sobresaliente, dura si la tocamos. Esta grasa se encuentra dentro de nuestro abdomen por debajo de los músculos abdominales y rodeando los órganos (también los órganos vitales) que están dentro del mismo. La causa de la barriga cervecera no es sólo la cerveza sino todos aquellos alimentos ricos en hidratos de carbono glucémicos –con azúcar y harinas por ejemplo- que nos han proporcionado un exceso de glucosa que hemos ido guardando y almacenando en forma de grasa.
La grasa abdominal incrementa el riesgo de desarrollar patologías cardíacas, diabetes, tensión alta, derrame, apnea del sueño, varias formas de cáncer y otras enfermedades degenerativas. El exceso de grasa en el abdomen se ha asociado con niveles más altos de proteína C reactiva, un indicador de inflamación en el organismo.

Ambos tipos de grasa abdominal suponen un riesgo para nuestra salud, pero la grasa visceral es incluso más peligrosa que la subcutánea y es además más trabajosa de eliminar.

El organismo cuando inicia la quema de grasas -ya sea por el ejercicio o por la actividad del metabolismo basal- la realiza por fases: primero quemará la grasa del tipo 1, la subcutánea, las reservas más disponibles que tienen los lipocitos más grandes, la grasa que se encuentra bajo la piel. Pero esta movilización la realizará por todas las zonas del cuerpo, nunca en una sola zona. La grasa superficial la perdemos de manera generalizada. En segundo lugar, una vez que el organismo necesita más energía y las reservas de la grasa superficial están acabándose inicia la quema de la que se encuentra un poco más por debajo, la grasa profunda. Así que para perder grasa profunda primero hay que quemar la superficial. Duro, eh?

¿Cómo eliminar la grasa y conseguir el ansiado vientre plano? Sin dietas milagro ni productos, pomadas o píldoras instantáneas, sino con una combinación de dos estrategias que todos conocemos:
Una buena dieta con alimentos nutritivos y no procesados + un programa serio de ejercicio físico (que incluya actividad aeróbica de más de 40 minutos). La sinergia de ambos nos irá equilibrando nuestro metabolismo y nuestra respuesta hormonal.

Control del estrés y no azúcar
Alimentación y deporte, esperar soluciones mágicas y facilonas es engañarse a uno mismo y por otro lado, ¿qué otra cosa hay mejor que hacer aquello que sólo nos produce beneficios? En mi opinión, lo primero es tomarnos en serio el problema y no verlo como una frivolidad, y después ponerse manos a la obra. No hay trucos, sino hábitos y rutinas. ¿Por dónde empezar? Quitando de tu vida todo lo que contenga azúcar, salvo un par de frutas diarias. 


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